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lunes, 2 de abril de 2012

le quartet de la semaine (VIII)





  1. Andante espressivo – Allegro molto moderato
  2. Assai agitato
  3. Adagio molto
  4. Finale. Allegro molto vivace



sábado, 24 de septiembre de 2011

digresión verborrea buxtehude



Hoy, mientras cenaba con la familia, mi pensamiento estético se ha disparado.
La secuencia ha sido más o menos así: Los Simpson en la tele y alrededor de la mesa un debate sobre la influencia del modelo americano en la educación.
En seguida me ha venido la idea del modelo dominante más en relación con el canal de transmisión que con el contenido. Creo que los Simpson tienen un capítulo sobre el tema. De hecho, ellos son el ejemplo, como tantas otras series de animación americana, de que lo que pretende criticar al sistema, emitido por las vías de dominación, léase la fox, se convierte enseguida en dominante, en moda ello mismo. La crítica se ahueca por ahí. Se envilece y se desgasta.
De ahí, de ese bucle, no ha sido dificil deslizarme hacia Mcluhan, el medio es el mensaje, claro. Y en seguida al problema de la comunicación posmoderna, parecida a la mística, que pretende abarcar en un lenguaje condensado los sentidos del sentido.  Es decir, se formula de forma que quede en lo posible libre del contexto, abarcando ella misma todos los contextos. Su ambigüedad, como los adagios antiguos o las lecciones orientales es su fuerza. Me temo que en occidente, y en el periodo justo anterior a nosotros, esto era una forma de superar lo que se abrazaba, es decir la contextualización /descontextualización como práctica artística y filosófica, es decir estética.
Hubiera sido más facil decir, con claridad, que el medio importa más que el mensaje. Así todos hubieramos podido comprender la máxima y yo hubiera podido introducirla en la conversación con mi familia, sin necesidad de extenderme en pedanterías ni adoraciones místicas al lenguaje.
Cuando me he incorporado a la realidad, ellos ya estaban en otra cosa, claro. Me he acordado de Unamuno cuando dijo que lo que no significa, ya significará. Estructuralismo puro, con permiso de Humboldt. En fin. No sé por qué he pensado en esto.

Ni en Buxtehude



Parte 1


 Parte 2




miércoles, 21 de septiembre de 2011

mazurka



A veces jugamos.


Imaginamos que la música que escuchamos suena en un salón en el que acabamos de entrar. No sé si venimos a caballo o estamos en París, o vestimos polainas. Vivimos todavía en un tiempo en el que la música no puede reproducirse. Sólo puede leerse o tocarse. Pero no podemos rebobinar, aún.
El caso es que oímos el piano comenzar y parece que ya estuviera sonando desde hace un rato, lleno de melancolía, pero tambien como para llenar el tiempo de un día cualquiera, con recuerdos de un baile, de un amor, de un momento alegre.
Podemos imaginar la música llenando las estancias de una casa de campo apacible. Y enseguida esa figura obsesiva, esos acordes atacados con fuerza a los que sigue una progresión lírica una y otra vez, hasta cuatro, simples repeticiones, como el que se deleita en un baile, o como quien tira una pared a martillazos. Sabemos lo que es un a estructura ternaria, la vemos aquí: sección A, sección B contrastante, vuelta a A, lo sabemos. Sabemos que tras la bravura toca volver al principio. Pero esta pieza, que es tan pequeña que es casi un juego, un atisbo, tiene un secreto: mágicamente, una sola frase, se presenta sin acompañamiento, de la nada, como un sujeto de una fuga, o como un simple boceto. Se presenta en mitad de la obra y nos reclama. Una línea precisa; sencilla pero misteriosa, que se repite moviéndose, buscando. Duda. Es tan breve el motivo que no nos da tiempo a reconocerlo la primera vez. Enseguida se transforma y se desliza por un cromatismo que no nos deja distinguir. Y entonces volvemos a esa melodía eterna del principio, a la paz.
Pero queremos volver a ese momento de la línea sola: hemos visto a Chopin componiendo! Esta ahí! Lo hemos visto aparecer dándole vueltas a la frase que originó la pieza, allí escondido entre una sección y otra.
La musica, que es tiempo, nos ha empujado fuera de ese momento con la consistencia de la corriente de un río, a lo apacible, al recuerdo del baile, al salón. A la sección A a la que sabíamos que íbamos a volver. La pieza se despide con una cadencia mínima. El intérprete se levanta, nos saluda y vamos ya a otra cosa, canturrendo:

-re re famire la si solremi fa lasol fa do re.... ta ta tiarara ta ti ra ro to tararira ro to re..... 

El sujeto desnudo no lo recordamos, pero lo llevamos dentro. Hemos asistido a algo.